CORAZON ORANTE BUSCANDO EL ROSTRO DE DIOS

 

El texto que sigue es carta de una Madre Abadesa de Hermanas Clarisas (noviembre 2018). Se publica, con permiso de la autora, como testimonio de vida en un tiempo de seguir levantado los ojos del alma sin despegar, de momento, los pies del suelo.

 

Me dirijo de nuevo a CLAUNE, por medio de usted, para expresar varias cosas.

La primera es el agradecimiento por la revista y todo lo que nos aporta de formación y de contacto con otras hermanas y realidades. Esa comunión de oraciones en nuestro caminar cotidiano, ese compartir desde Dios que nos hace ver la multitud de hermanas que, aunque seamos menos, seguimos siendo buscadoras de Dios y seducidas por Dios a esta particular forma de vida monástica.

 

En segundo lugar, querría ponerle al corriente de nuestro devenir en el Señor, día a día. Gracias a Dios, aunque pocas, seguimos manteniendo la llama ardiente del amor primero en la VIDA.

 

Ciertamente Vultum Dei Quaerere y Cor Orans son instrumentos valiosísimos en este camino de renovación en todos los sentidos y de profundización de nuestra vida. Muchas gracias por enviarnos tan valioso material que estudiamos y contemplamos profundamente, además de participar en diversos encuentros Diocesanos y Federal que nos los iluminan. Muchas gracias por este gran aporte a las Comunidades.

Respecto a nuestros asuntos temporales, decirle que, como todas las comunidades de hermanas mayores, es una realidad frágil pero llena de Gracia, porque en esta debilidad se manifiesta la fuerza de Dios. Tenemos cercanía con varios monasterios más afines y esa cercanía se manifiesta en apoyo y ayuda recíproca. En el horizonte se vislumbran decisiones y retos, a los que no tenemos miedo «somos de Jesús y de María». No tenemos miedo a cerrar casas- Monasterios porque el fondo es que nuestra vida no se «Cierra»; la vida contemplativa no se puede cerrar aunque algunos monasterios no puedan mantener su presencia.

Cristo de San Damián

Por ello estamos tranquilas, puestas en las manos del Padre, sabedoras que somos hijas de la Iglesia y ésta querrá lo mejor para que nuestra vida sea lo que tiene que ser. Por ello, mientras sigamos con nuestras presencia, queremos vivir a Tope esta vida sin rebajas, porque el Ser mayores no es sinónimo de rebaja sino de plenitud y de entusiasmo, adentradas como María y envueltas por EL MISTERIO, siendo en la iglesia la Imagen de Cristo orando ante el Padre para cumplir su voluntad . No precisamente con el entusiasmo de los primeros años, sino el de los amadores que han gustado la profundidad y grandeza de esta VIDA.